El bar Txepetxa de Donostia, uno de los emblemáticos establecimientos de la Parte Vieja donostiarra, recibirá el Premio al Mejor Bar de Pintxos en el contexto del XIX Campeonato de Pintxos 18/70 Euskadi y Navarra · Euskal Herriko XIX. Pintxo Txapelketa, que se celebrará este 2024 en Hondarribia entre el 21 y el 23 de octubre.
Este premio es un reconocimiento al establecimiento que mejor represente el esfuerzo y el mantenimiento de la esencia de las barras de pintxos, su dinamismo y creatividad, como elemento diferenciador e identificativo de la gastronomía de Euskadi y Navarra; referente de la tradición culinaria del sector de Hostelería y atractivo turístico de primera magnitud.
No hay lugar en el mundo en el que la anchoa sea el centro sobre el que gire toda la actividad. El Txepetxa es, sin duda, ese templo en el que un producto humilde y de pesca ancestral en nuestro entorno es elevado a la máxima expresión.

Valentin Marañón y Josetxo Marañón, en 1942, las dos primeras generaciones de la leyenda del Txepetxa
Pero el Txepetxa es mucho más. Es una historia de esfuerzo labrado día a día; de empeño por alcanzar la máxima calidad a diario en base a esfuerzo, trabajo e ilusión; de conservación de la esencia de los bares de pintxos. Es una historia de más de 100 años que hoy cautiva gracias al sueño de una familia de perseguir la perfección en torno a un producto y un marinado que, elevado a secreto, es una leyenda donostiarra y vasca.
Una familia y un bar que son parte de nuestro patrimonio cultural y gastronómico.
Todo empezó hace más de 100 años en Zarautz, en donde Felisa Gómez, desmalladora de anchoas y su esposo Valentín Marañón, que inició su andadura hostelera en la Bodega Donostiarra, conformaron la primera generación que inició la obsesión en la búsqueda del marinado perfecto.
Esa dedicación continuó con el trabajo de Josetxo Marañón y Mari Carmen Ramos, segunda generación y padres del actual director de esta orquesta gastronómica perfecta, Manu Marañón. Eran tiempos en los que Donostia, la Parte Vieja y sus pintxos ya habían adquirido fama internacional.
Manu Marañón centra sus ideas en conservar el legado y mantener una tradición y forma de hacer que hacen del Txepetxa un lugar único, todo ello sin renunciar a nuevas formas de llegar a sus clientes y amigos incondicionales. Recientemente, ha lanzado sus anchoas envasadas y disponibles en los lineales de las grandes superficies más prestigiosas.
Una expansión que no descuida un ápice la esencia del bar, en donde la experiencia gastronómica forma parte de una manera de entender la gastronomía, que caracteriza a los guipuzcoanos, y en la que el Txepetxa es referente excepcional.
Capítulo a parte son los premios y distinciones. Largo de enumerarlos, pero que tienen como referencia sin precedentes, y que jamás ha vuelto a repetirse, de haber logrado en el Campeonato de Gipuzkoa de Pintxos, en un mismo año, los tres primeros premios.
Un camino, como todos en los que la calidad es prioridad, que no tiene fin y en el que, cada vez más, aparece el protagonismo de la cuarta generación, Hodei Marañón, hijo de Manu Marañón.

